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¿Fue suerte?

Fui detectada con Altas Capacidades en una etapa algo complicada de mi vida. Estaba a punto de terminar cuarto de la ESO, cuando me llamaron desde la orientación del centro, queriendo contar con mi consentimiento y el de mi familia para la realización de las pruebas. Al decirme que en efecto las tenía, al principio creí que simplemente había sido suerte, que había acertado por pura casualidad y que esos resultados eran por una ráfaga de suerte que pasó por allí mientras las realizaba.

Empecé mis estudios en bachillerato, y conocí a un profesor que al poco tiempo, también fue detectado con ellas. Me sentía sola en ese mundo en el que nadie me había explicado cómo vivir: “Sí, tienes altas capacidades”. Vale, pero entonces, ¿qué? ¿Qué hago yo ahora? ¿Qué es ser una persona con altas capacidades? ¿Es un problema, una suerte? Si soy sincera, les tenía miedo, e intenté taparlas y esconderlas durante mucho, mucho tiempo.

Cuando conocí a este profesor, él ya sabía de mis AACC, era información del alumno que tenía que tener, y me preguntaba algunas cosas sobre estas. Sin saber que hablaba con una persona que les tenía temor desconocido hacia ellas, poco a poco la fue conociendo. Creo que llegó a darse cuenta de mi temor, la verdad es que lo desconozco. Comenzamos a informarnos juntos sobre el tema: vídeos de gente con AACC, profesionales sobre el tema, libros, cuentas de instagram tratándolo, debates entre nosotros dos sobre todo lo anterior.

Ese miedo a lo desconocido que había intentado esconder durante tanto tiempo, fue apareciendo como algo a lo que no debería temer. Lograba entender muchas cosas sobre mi vida que no había logrado entender en mucho tiempo, el porqué de muchos sucesos. Incluso por qué me comportaba de cierta manera en ocasiones, o mi mente procesaba la información de maneras a veces diferentes a los demás. Por qué algunas clases se me hacían tan aburridas mientras a mis compañeros tan intensas, por qué sentía tan fuerte cosas tan efímeras como era una culpa, una tristeza o una alegría.

Terminé dándome cuenta de que estaba conociéndome a mí misma de una forma completamente diferente a como lo hacía antes, que ahora SÍ me conocía, SÍ sabía quién era en cada momento de mi vida. Tenía y tengo altas capacidades, y no debería temerles, sino convivir con ellas. Al fin y al cabo, es una pieza más de mi puzzle propio, y tiene que estar ahí si quiero que esté completo.

Suelen hablar de las altas capacidades como “facilidades en los estudios”, “facilidades en el trabajo, en el esfuerzo”… pero tienen un trasfondo mucho más grande y amplio que no es muy conocido. Una persona con esas características no es mejor ni peor que nadie, es alguien diferente, con una cualidad diferente. Estas no traen facilidades a nuestra vida, sino desafíos nuevos, de diferentes niveles que solo nosotros podemos llegar a comprender y vivir, por eso somos diferentes. Y está bien.

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